¿Carrera Soñada?
#55
Estudiar psicología era una idea que me rondaba la cabeza desde hace tiempo, pero cuando por fin me matriculé, las dudas no desaparecieron como por arte de magia. Al contrario de lo que cualquiera pensaría, se hicieron más grandes. Casi gigantescas.
¿Y si no era lo mío?
¿Y si no me gustaba?
¿Y si idealicé la carrera?
¿Y si no soy lo suficientemente buena?
Dudas normales de adolescente que está encontrando un camino hacia la vida profesional (supongo).
Llevo apenas unas semanas del primer semestre, y todavía me estoy adaptando a los horarios, a los textos que se me hacen infinitamente aburridos y a los conceptos que parecen simples pero esconden demasiado contexto detrás. Sin embargo, algo dentro de mí se está acomodando. Como si cada clase, cada lectura y cada debate fueran pequeñas confirmaciones de que este camino sí me pertenece.
Me emociona entender cómo funciona la mente (aunque muchas veces me enrede sola). Me conmueve pensar que algún día podré acompañar a alguien en sus procesos más vulnerables. Me intriga descubrir por qué sentimos lo que sentimos, por qué actuamos como actuamos, por qué a veces nos rompemos, pero cómo también podemos reconstruirnos.
No todo es romántico y color de rosas. Hay días en los que verdaderamente no entiendo nada de lo que se habla en clase. En los que me pregunto si estaré en el mismo nivel de mis compañeros. Pero incluso en medio del cansancio, de las dudas, y de la incomodidad (aún no me acostumbro del todo a mis compañeros), no me arrepiento de nada. Veo esto como un reto. Y el reto, cuando nace del deseo, se vuelve impulso.
Entré con dudas, y aunque no todas se han ido, cada vez tengo más certezas.
Creo que estoy estudiando mi carrera soñada. Y eso, para alguien que tantas veces dudó de sí misma, ya es otro pequeño triunfo.

